El duelo es un proceso complejo y natural que vivimos cuando perdemos o renunciamos a algo o alguien significativo. Involucra una reacción adaptativa, obligando a la persona afectada a rehacer su vida sin esta persona u objeto de amor perdido.
Cada persona reacciona de manera diferente ante un duelo, pudiendo presentarse sensibilidad emocional, enojo, ira, impotencia, ansiedad, culpa, alivio, sentimientos de tristeza, de soledad, el querer retraerse de sus actividades normales o por el contrario querer sentirse rodeado o apoyado por sus seres queridos, e incluso sensaciones corporales.
Así también, no tiene una duración establecida y puede durar meses o años, ya que que no es un proceso lineal por lo que se pueden sentir avances, luego retrocesos y fluctuaciones en el ánimo. Además, cada persona y cada vínculo es irrepetible y cuenta con sus propias subjetividades, por lo mismo, no hay solo una forma correcta de pasar por un duelo.
Aunque es un proceso natural, puede pasar a ser patológico por ejemplo, cuando la persona lleva más de un año viviendo los sentimientos iniciales de tristeza, rabia o culpa, u otros, con la misma intensidad que los experimentó los primeros meses luego de la pérdida de su ser querido, implicando esto una alteración en el desarrollo cotidiano de la vida de la persona afectada. Esto podría incluir conductas desadaptativas, desbordadas o consumo de sustancias.
También podría darse el caso de un duelo retrasado, donde la respuesta emocional al momento de la pérdida no haya sido suficiente, y pasado un tiempo, se comience a vivir el duelo luego de esta inhibición. En este último caso se pueden presentar dolores físicos que la persona no relaciona inmediatamente con el duelo pero que se deban a él (como en el caso de una somatización). En los dos últimos casos expuestos, ya sea una extensión de más de un año con la misma intensidad de síntomas o de la represión total de estos, se debería consultar con profesionales de la salud mental.
Cabe destacar que las personas que pasan por esto tienen derecho a conectarse con sus emociones y vivirlas de la manera y en el tiempo que estimen convenientes (con la salvedad de que se convierta en un duelo patológico y se necesite de ayuda profesional), por lo que también es importante que la gente que los rodea no presionen a los afectados a tener que sentirse mejor o “ser positivos” respecto a la pérdida, sino más bien, apoyar desde la comprensión y empatía respetando sus tiempos. Si el duelo no se considera patológico, igualmente es válido consultar a un especialista para asistir a un proceso psicoterapéutico y tener un acompañamiento que brinde herramientas pertinentes para ese momento de la vida.